Los bares/restaurantes como lenguaje universal: Animales de Barra
- Sergio Gil
- 1 sept 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 jul 2023
Siguiendo con el propósito de conectar la Antropología con la Gastronomía y la Restauración, propongo en este artículo un breve análisis a la obra de Noam Chomsky que, desde sus planteamientos en Lingüística, plantea que lo universal no admite variaciones paramétricas.
La adquisición del lenguaje me fascina y, considero oportuno equipararlo a lo que es o debería ser el sentido común, algo aparentemente tan aplastante que queda en el circuito del instinto, una facultad o suerte diseñada para sobrevivir mediante procesos lógicos que nos vienen heredados. En el patrón de adquisición del lenguaje existe un periodo crítico del aprendizaje (la niñez). El niño quiere poner sus reglas y acaba aceptando la norma por defecto, que curiosamente, admite irregularidades. La variedad lingüística es casi anecdótica para un pensador como Noam Chomsky, ocupa un lugar subsidiario, lo realmente importante es la facultad del lenguaje; compartida por todos los humanos. Lo esencial es la ligazón con la que queremos explicar nuestra manera particular de ver el mundo. Las reglas las llevamos dentro y debemos aceptar los acuerdos sociales, manifestados aquí como verbos irregulares.
El crío es muy persistente en aplicar su esquema intrínseco, acaba cediendo pero no de una manera fácil. Digamos que acaba aprendiendo a ser domado, pero lo hace siempre de dentro hacia afuera. La adquisición del lenguaje es, por lo tanto, una torsión cultural de facultades intrínsecas que poseemos de forma genética, nos vienen de serie. La sociedad, mediante el aprendizaje y sus negativas culturales, nos viene a convidar a perder estas características del yo animal que somos, un yo social con vocación comunicativa y resistente.
Pienso que los bares, con su atmósfera de confortabilidad/seguridad, nos aproximan a esa capacidad de comunicarnos con nosotros y con los demás, porque es precisamente lo que tenemos programado como especie. La capacidad/necesidad de explicar y ser explicados por el otro, ya sea a través del lenguaje o mediante el cuerpo. Porque vengo reflexionando y repitiendo que el gesto fue y es antes que la palabra. Defiendo que los bares nos permiten volver constantemente a ese momento vital de la niñez, en la que estamos de manera cíclica, exponiendo nuestra naturaleza vital a los giros y torsiones culturales del entorno; creo poder afirmar que lo hacemos únicamente cuando nos relajamos y nos dejamos llevar por una perfecta conjunción harmónica del relacionarse libremente con el otro, que puede que esté en el mismo viaje hacia el origen que nosotros. El bar es catártico, por su valor significativo, como canal inequívoco de vaso comunicante, directo y concluyente. En los bares el núcleo es la relación y todos sabemos interpretarlos, básicamente porque está en lo que podríamos llamar nuestro ecodiseño, por poner un palabro posmoderno.
Aquí enlazo con lo que Chomsky llama la jerarquización interpretativa del lenguaje, ya que veo similitudes entre sus teorías sobre el lenguaje y las mías sobre la animalidad, obtenidas a través de las observaciones en trabajo de campo.
Como conclusión, lo que vengo diciendo tiene como propósito poner en relieve ese conocimiento innato que nos proyecta a la construcción gregaria de la sociedad. Ni la mente ni el cuerpo son cajas vacías, sino que poseen una grabación de serie que nos filtra, descodifica y facilita la relación. Pensamiento innato que, por supuesto, acaba moldeándose durante nuestra sociabilización. Los bares/restaurantes actúan como disolvente de muchas de las cargas construídas que nos han modulado y permite encontrarnos con el yo animal, el yo ancestral repleto de poder comunicativo.
Animales de barra, barril, banqueta, mesa y terraza, reencontrándose con quienes ya sabían que eran.
Sergio Gil
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